¿Siente que el Avivamiento es algo lejano o difícil de alcanzar? Muchas veces complicamos lo que Dios quiere hacer simple. Hoy Gustavo Marto quiere compartir con usted cómo el Espíritu Santo está moviéndose de manera asombrosa, rompiendo moldes y atrayendo a las personas por Sí mismo. No se trata de nuestros métodos, sino de Su gracia. ¡Descubra cómo vivir una cosecha sin límites!
A lo largo de mis años sirviendo en España, he comprendido que el éxito no radica en nuestros proyectos personales, sino en honrar al Espíritu Santo en todo lo que hacemos. Sin Él, simplemente no somos nada. Él es quien revela la Palabra, quien nos da la dirección y quien recuerda lo que debemos hacer. Muchas veces, en reuniones de líderes, escucho planes brillantes, pero me pregunto: ¿dónde está el honor al Espíritu? Yo he aprendido que la clave del éxito es decidir lo que Él ya ha decidido para nosotros.
Quiero compartir con usted cinco principios fundamentales que hemos vivido como iglesia y que nos han permitido ver, domingo tras domingo, a personas nuevas entregando su vida a Jesús.
1. Seguir la dirección absoluta del Espíritu Santo
El primer paso para cualquier Avivamiento espiritual es entender que la Iglesia le pertenece a Él. Como nos dice la Escritura: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios» (Romanos 8:14). Ser guiado no es una opción, es nuestra identidad.
En mi experiencia personal, la intimidad con el Espíritu lo cambia todo. Yo practico algo que llamo el «tres por uno»: salir a caminar una hora con el Espíritu Santo cada día, orando en lenguas. Mientras mi espíritu se ejercita, mi mente se prepara para recibir Su dirección y mi cuerpo se mantiene activo. Al orar en el espíritu, usted está preparando el camino por donde va a andar, orando los misterios y la sabiduría de Dios.
Recuerdo una vez que estaba orando en casa y sentí que Dios me decía: «Arrodíllate». Yo argumenté que podía orar caminando, pero la presencia se fue. En cuanto obedecí y puse mis rodillas en el suelo, Su gloria volvió a caer. Dios no buscaba mi posición física, buscaba mi obediencia. Si Él le dice «levántate a las tres», hágalo. Si le dice «sirve», sirva. Sin obediencia, todo es hueco y vacío.
2. Una visión clara para alcanzar a los perdidos
Para que una iglesia crezca, necesita una visión dada por Dios que sea clara, específica y práctica. Nosotros seguimos el modelo de la Iglesia primitiva: en el templo y en las casas. Pero lo más importante es el enfoque: los perdidos son el interés número uno de Dios.
Cuando usted tiene una visión espiritual, ocurre algo maravilloso: se genera orden. Los hombres solemos ser desordenados, pero la visión pone cada cosa en su lugar y acomoda a la gente. Además, la visión actúa como un imán. He visto cómo personas que ni siquiera conocíamos se invitan solas a la iglesia. Una gerente de banco me pidió visitar mi oficina para conocer la iglesia; un vecino que me veía estacionar el coche me preguntó si podía venir a escucharnos porque veía las colas de gente afuera.
Una visión clara también nos protege de hacer cosas que no son de Dios y que solo agotan nuestra energía. Aprenda a decir «no» a lo que no aporta a la visión, aunque sea una buena idea. La visión de Dios simplifica la vida, mientras que la burocracia humana la complica. Como dice la Biblia en Habacuc 2:2: «Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella».
3. Enseñanza ungida y práctica de la fe
Jesús recorría las aldeas enseñando, predicando y sanando. Esas tres cosas deben estar presentes en nuestra iglesia local. No cualquier enseñanza, sino una enseñanza cristocéntrica y revelada que la gente pueda aplicar el lunes por la mañana.
La fe es el motor de nuestra relación con Dios, porque «la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17). Cuando enseñamos la Palabra ungida, la mente de las personas se renueva. Esto es vital, porque casi el 90% de las enfermedades tienen un origen psicosomático, es decir, nacen en el alma. Al recibir la Palabra espiritual, esta penetra y separa el alma del espíritu, trayendo sanidad incluso al cuerpo físico.
Como pastores, nuestra labor es alimentar al rebaño. Jeremías 23:4 dice: «Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se asombrarán, ni serán menoscabadas» . Cuando usted alimenta bien a la gente con la Palabra, el temor desaparece, porque el temor viene por un conocimiento incompleto de Dios. Si la gente está bien alimentada, no necesita constantes sesiones de consejería; el Espíritu Santo trabaja con ese alimento en ellos.
4. Formar discípulos que sean columnas
Ninguna iglesia puede retener la cosecha si no forma discípulos. Los discípulos son las columnas que sostienen la estructura. En nuestra casa, tenemos más de 600 discípulos que nos ayudan a cuidar a la gente. Un discípulo es, ante todo, un servidor.
Yo enseño que el servicio es la plataforma para la grandeza. Si alguien quiere tocar el teclado, primero debe estar dispuesto a servir a otro, a traer un vaso de agua o a preparar el instrumento. Jesús, siendo el más grande, fue el mayor servidor. El discipulado no es solo transmitir información; es una transferencia de espíritu a espíritu. Usted debe orar para que sus discípulos tengan su mismo corazón y pensamiento, para que haya una unidad espiritual real. Como dice Mateo 28:19: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones» .
5. Crear una cultura de honra y familia
Dios se mueve en ambientes de honra. La honra significa valorar la función y el don que Dios ha puesto en los demás. No se trata de títulos, sino de respeto por el diseño divino. Cuando un hijo honra al padre y el padre al hijo, se crea una atmósfera donde los milagros fluyen.
Debemos honrar a cada persona que cruza la puerta, porque puede ser el próximo gran predicador o empresario. También debemos honrar el llamado. Recuerdo cuando apenas éramos 60 personas y sentí de Dios cambiar la reunión a la mañana. 40 personas se fueron porque no les gustaba el horario; eran los que tenían más recursos. Me quedé con 20 personas endeudadas y sin papeles, pero Dios me dijo: «Tú no necesitas de ellos, ellos necesitan de ti, porque tú eres un don puesto para ellos». Hoy, la mayoría de esos 20 están pastoreando.
Como David, debemos ser personas conforme al corazón de Dios, inclinados a Sus planes. Cuando usted honra la Palabra y los principios de Dios, incluyendo la honra a la familia y a las autoridades, usted cierra puertas al enemigo.
Para entrar en lo nuevo, usted debe romper sus límites mentales. Dios es un Dios de números y visiones. Hace años, yo oraba para pagar 700 € de alquiler y me costaba creerlo. Dios me dijo: «Pide un millón de euros». En el momento en que mi mente se enfocó en el millón, los 700 € aparecieron a las dos horas y nunca más volví a sufrir por esa cantidad.
Hoy veo cómo 70 musulmanes aceptan a Jesús en una sola tarde y me doy cuenta de que es fácil. Dios quiere hacer lo mismo en su ciudad. No es por nuestra sabiduría, es por Su gracia.
Gracias, Espíritu Santo, por Tu presencia. Tú tienes una estrategia para cada ciudad y país. Declaramos que estamos abiertos y hambrientos de ti. Queremos ver lo que nunca hemos visto: gente salva y sana yendo a las naciones. Espíritu Santo, te honramos. Queremos tener un corazón como el de David, inclinado a Tus planes. No es por nuestros métodos ni sabiduría, sino por Tu gracia. Por gracia somos salvos y por gracia caminamos. Rompe hoy los límites naturales y trae Tu ilimitación. En el nombre de Jesús. Amén.
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